Editorial

Octubre 2017

El mundo deportivo gira en torno a las eliminatorias del Campeonato Mundial Rusia 2018.

Es un certamen altamente competitivo y hasta la última fecha no se tiene la certeza de los países clasificados.

Los programas televisivos relacionados con esta noticia son múltiples; historia de goles, anécdotas, resúmenes de campañas de años previos y muchas otras.

El quedar fuera de este campeonato tiene muchísimas connotaciones negativas, entre ellas podemos destacar una fuerte merma económica, disminución del prestigio y pérdida de motivación de las selecciones para desempeños futuros. A esto se suma la potenciación de las nuevas generaciones de los países clasificados, comparados con los que no lograron su objetivo.

Por lo tanto, concordamos en que es una meta deseada por todos los cercanos al mundo deportivo. Sin embargo, como todo logro, éste puede ser alcanzado de diferentes maneras.

Observado algunos reportajes, señalaban que las directivas deportivas organizaban los antiguos sorteos en forma mañosa, por ejemplo, congelaban algunos de las bolitas que se echaban en un recipiente, cada una de ellas representaba un país. Las bolas congeladas eran de aquellas selecciones más poderosas, por lo que se evitaba una confrontación temprana entre ellas, otros han acusado de contaminación de las comidas de algunos equipos para que los jugadores jugaran importantes partidos cursando severos cuadros gastrointestinales o, sencillamente no pudieran jugar.

Se acusa a un jugador de un equipo de haber ofrecido agua a un contrincante durante un importante cotejo, la que habría contenido somníferos y relajantes musculares para eliminar a este rival. Ejemplos sobran.

La cirugía actual es inmensamente competitiva, tanto para ingresar a la especialidad, como para mantenerse vigente. Hay múltiples instancias en las que un cirujano debe enfrentarse a varios colegas para avanzar en su desarrollo profesional, a través de concursos para becas de perfeccionamiento, contratos, cargos de jefatura, etc., lo importante es no caer en prácticas reñidas con la moral.

El cirujano que es bueno, correcto, estudioso, trabajador, honesto y leal, siempre llegará donde quiere. Si tiene mala suerte, se demorará más; si tiene buena suerte se demorará muy poco, pero siempre llegará.

Habitualmente les comento a mis residentes que la cirugía, como muchas cosas en la vida, es la “Maratón”, no son los “100 metros planos”. Hay que hacer un largo recorrido, lento y sacrificado para obtener los resultados esperados. Quien corre la maratón como si fueran los cien metros planos, se agotarán rápidamente y jamás llegarán a la meta.

Quien use malas artes para obtener resultados, tampoco logrará los objetivos planteados.

Para meditar.

Dr. Mario Uribe
Editor.

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