Agosto 2026
Pareciera fácil saber ganar. Saber perder requiere un mayor esfuerzo; fuerza moral, determinación, aceptación, entre otras cualidades. No soy un experto en futbol. Estaba de viaje en África cuando se jugó la final del campeonato mundial, específicamente en el parque Amboselli, en Kenya, en un lodge. Si, en el mismo parque que se caracteriza por la gran población de elefantes y donde han muerto 20 paquidermos estos últimos días.
En mi opinión, el partido fue sólo regular, con un merecidísimo triunfo de España. No voy a hacer juicios sobre el arbitraje ya que siempre son polémicos y sujetos a interpretación. Lo que, si me pareció inexcusable la actitud de algunos jugadores de la selección y cuerpo técnico argentino que, incapaces de sobrellevar la derrota, agredieron físicamente a los jugadores españoles. Esto es absolutamente inaceptable. Además, la mayoría del plantel dio la espalda a la ceremonia de premiación y celebración de la orgullosamente ganadora selección española. Sólo un jugador argentino, de apellido López, hizo lo que realmente era esperable en esas circunstancias, tal es mirar de frente dicha ceremonia. ¿Excusas? Se dieron muchas que todas bastantes pobres e intelectualmente poco elaboradas.
La vida deja muchas enseñanzas. Hay que saber ganar y perder. Hay que enfrentar el éxito con humildad y el fracaso con autocrítica e hidalguía. En las cirugías estamos expuestos a ambos extremos, durante toda nuestra vida quirúrgica al éxito con nuestros pacientes, el reconocimiento, con becas, títulos y premios, pero también al fracaso. Al fracaso doloroso de la muerte de un paciente, a la desazón infinita ante el error cometido. La exposición a la crítica, al juicio de pares, de pacientes, de familiares, de la opinión pública.
Debemos estar preparados para ello, los errores y los fracasos siempre se presentarán, pero debemos hacer nuestro mejor esfuerzo para evitarlos y, eventualmente corregirlos, pero, si ya ha ocurrido, lo más importante es enfrentarlos. Es la única forma de salir fortalecidos.