Diciembre 2025
Esta editorial está escrita después de las elecciones presidenciales. Ha ganado un candidato derechista, derrotando a la candidata oficialista, de izquierda.
Independientemente de lo que puede significar desde el punto de vista político y de los cambios que esto conlleva, deseo destacar lo impecable del proceso eleccionario, que ha sido señalado por muchos medios nacionales e internacionales.
Nuestros ciudadanos son disciplinados y nos sentimos orgullosos de participar en una elección que, al igual que todas las anteriores de las que tengo memoria, han sido impecables.
El país amanece en calma. La gente maneja prudentemente. Los locales de votación están abiertos a la hora designada y se encuentran resguardados por fuerzas de seguridad y militares. El local de votación ha sido publicado y si no lo sabe, al ingreso hay oficinas de información en los que en forma rápida y amable se entregan los datos requeridos.
Yo frente a la mesa correspondiente, el proceso es claro y expedito. En esta ocasión, las escasas mesas con filas, no tenían más de 4 personas en espera.
Pero lo más impactante viene después. Las mesas se cerraron a las 18:00 hrs. y a las 19:30 ya había más del 25% de las mesas escrutadas, con una tendencia irremontable que se confirmó a las 21:00 hrs. con más del 99% de las mesas escrutadas. En el intertanto, la candidata derrotada, siguiendo una larga tradición republicana, fue a saludar y felicitar al candidato ganador. Un poco más tarde el Presidente de la República, efectuó, también siguiendo nuestra tradición, una llamada telefónica, que fue televisado a todo el país al Presidente Electo, deseándole suerte en la conducción de los destinos del país. Son pocos los países que pueden mostrar este nivel de educación cívica, especialmente cuando la entrega del gobierno se realiza entre autoridades de posiciones políticas tan opuestas.
Lo más importante, nadie denunció ninguna sospecha de fraude electoral y la ciudadanía aceptó, disciplinadamente, los designios de la mayoría.
Los vencedores celebraron en forma ordenada su triunfo y los perdedores aceptaron la voluntad del pueblo sin ningún tipo de violencia.
Ojalá podamos preservar, por muchos años, estás tradiciones democráticas republicanas que nos caracterizan.