Mayo 2026
Chile está viviendo horas complejas en salud. Sin pretender entrar en la arena política, se ha indicado desde el Gobierno, efectuar ajustes, o más bien recortes presupuestarios que, en el caso del Hospital donde yo trabajo superan los $2.500.000.000, es decir casi US$3.000.000. Se ha indicado desde las autoridades que esta disminución presupuestaria, no afectaría a los usuarios, sino a los hospitales.
La verdad es que es extremadamente difícil entender que si se disminuyen los ingresos hospitalarios no haya un deterioro en la atención en salud. Es cierto que todos los servicios del estado, incluyendo los hospitales deben ser lo más eficiente posible, pero en el caso de nuestro país, se produce una compleja situación, tal es que muchas de las prestaciones otorgadas por el hospital no son canceladas por el ente financiador, el Fondo Nacional de Salud (FONASA) a su valor real.
La paradoja es que, en el caso de ciertas prestaciones, muchas de ellas quirúrgicas, mientras más se opera, más se desfinancia el Hospital, por lo que la solución debe ir en el sentido correcto, tal es lograr mejor financiamiento, o más bien, un financiamiento real, de acuerdo a los gastos incurridos.
Por lo demás, los avances tecnológicos son cada día más frecuentes, con el consiguiente gasto que, muchas veces, es difícil de financiar. Por otro lado, cuesta marginarse de dichos avances, que beneficiaran a los pacientes, disminuyen tiempos quirúrgicos o de hospitalización y mejoran los resultados. Esto es caro, por lo que se precisan definiciones certeras sobre dónde y cómo se deben realizan dichos ajustes para que se aumente la eficiencia sin dañar a nuestros pacientes ni afectar a los funcionarios de la salud.